Me levanto por la mañana llena de energías. Avanza el día y voy dándome cuenta de lo idiota que soy al creer que mi vida avanza por buen camino. Llega la noche y me derrumbo, me ahogo en el jodido océano porque soy el pez más pequeño que lo habita.
Y acabo volviendo a este sitio que decidí abandonar porque no me queda más salida que la de golpear las reclas con rabia, porque nadie escucha cuando alzo la voz, porque sigo sin creer en mí, porque poca gente cree en mí, porque ya no merece la pena esforzarse para sentirse alguien, porque no soy nadie, porque soy un pez pequeñísimo en la asquerosa inmensidad del océano.
Porque es la única forma de llorar.
Y acabo volviendo a este sitio que decidí abandonar porque no me queda más salida que la de golpear las reclas con rabia, porque nadie escucha cuando alzo la voz, porque sigo sin creer en mí, porque poca gente cree en mí, porque ya no merece la pena esforzarse para sentirse alguien, porque no soy nadie, porque soy un pez pequeñísimo en la asquerosa inmensidad del océano.
Porque es la única forma de llorar.

