Aquí estoy, escribiendo, otra vez. Y no sé para qué si hace ya tiempo que las palabras y yo nos peleamos. Pero es como una pelea de esas de pareja: En el fondo, las necesito y quiero que llegue pronto la reconciliación. Aunque... bueno... creo que ellas no me necesitan tanto...
Cuando el mundo se me caía siempre acudía a vosotras para que me consolaseis. ¿Os habéis hartado de soportar mis lágrimas? ¿No queréis escuchar más mis estúpidos problemas de adolescente? Lo entiendo, yo también estoy un poco harte de mí y mis cosas.
Sin embargo, aquí sigo intentando plasmar esas cosas que tengo por aquí dentro, a ver si así consigo liberarme de esta sensación de miedo y soledad que me aprisiona.
Como ocurre a menudo -demasiado a menudo últimamente-, no sé encontrarme en mis palabras y me refugio en las de alguien. Como siempre, cuando me siento triste y te siento lejano, se me viene todo el amor de golpe.
Recuerdo la primera vez que te vi, recuerdo mi estúpido comentario. Recuerdo lo que sentí y mataría a quien dijese que el amor necesita más de una vista. (Quizá en ese momento lo que acabo de decir hubiera significado suicidarme...) Pero, en fin, también digo que después de conocerte... después todo se incrementó como una potencia de diez (elevado a infinito, más o menos)
No sé si sabes que me has robado el corazón y que a mí me gusta que lo tengas. Puedes arrinconarlo en el lugar más oscuro y feo pero, por favor, no dejes que se enfríe. Es que lo necesito para vivir, es sólo eso. Puedo aguantar caminar entre penumbras y paisajes odiosos pero algo de calor necesito. Por lo demás, puedes hacer lo que quieras con él, aumentar tu ego o disminuir tu soledad. Pero, quizás, no lo quieras, quizás este hurto no te haya servido de mucho y prefieras abandonarlo a su suerte, o incluso venderlo, a ver qué puedes sacar... En ese caso prefiero que lo destruyas. ¿Con qué? Oh, en eso sí que te pido que no utilices a la indiferencia (porque no sirve, no ha servido). Mátame con las palabras, sólo ellas pueden destruirlo, destruirme. Si ves que, agonizando -entre líneas- y llorando -sin llorar- te suplica misericordia, por favor, ni se te ocurra hacerle caso. Acaba con su dolor, acaba con sus sueños. Y me harás libre...
Y vuelvo a preguntarme por qué... ¡por qué!, amor, te me vienes de golpe, cuando me siento triste y lo siento tan lejano. ¿Será porque le quiero? Quizá... quizá sea por eso...
He decidido odiaros, desleales palabras. Me habéis traicionado... antes cargabais con mis angustias pero ahora os resistís a sujetarlas... ¿O soy yo que ya no sé pedíroslo? ¿O es que estáis cansadas de llevar siempre lo mismo? Perdonadme... ¡y ayudadme! Y por favor... no me abandonéis... ¿No veis que os necesito? ¿No veis que a veces la humanidad me abandona? Por favor, os suplico que me expliquéis el por qué de mi eterno llanto, ése que se me escapa hoy sí y mañana también... O si ya no queréis darme explicaciones, por favor, dádselas a él. Decidle todo lo que yo no sé decirle. Mostradle todo lo que yo no sé mostrarle. Enamoradlo de mi parte, porque yo no sé... Averiguad lo que a solas de mí ha pensado (daría mi vida mortal y de la eterna lo que me toque, si me toca algo).
Siento que podría escribir durante días sin decir nada mientras los sentimientos me devoran por dentro. Por eso creo que me despido. Y porque tú no estás, quizá también por eso, porque entonces nada tiene sentido. (Entonces... ¿nunca nada tiene sentido?) Esto es una despedida, pero sólo para ti, estés donde estés: En cuanto tengas un hueco habla con mi corazón y haz que tus palabras lo atraviesen como cuchillos hendiéndose en la carne. Si te paras a escucharlo puede que oigas algo, pero tampoco le des mucha importancia. Sólo será el te quiero que te tengo reservado, el que guardo bajo mi almohada, el que no me atrevo a pronunciar. Pero sólo es un te quiero, otro más en este inmenso planeta. Qué más da que detrás de ese te quiero esté yo ahogándome en mis propias lágrimas..
"Palabras de amor, palabras"