14.6.09

Frankestein o El moderno Prometeo (I)

No necesito describir los sentimientos de aquellos cuyos lazos más queridos se ven rotos por el más irreparable de los males, el vacío que inunda el alma y la desesperación que embarga el rostro. Pasa tanto tiempo antes de que uno se pueda persuadir de que aquella a quien veíamos cada día, y cuya existencia misma formaba parte de la nuestra, ya no está con nosotros; que se ha extinguido la viveza de sus amados ojos y que su voz tan dulce y familiar se ha apagado para siempre. Estos son los pensamientos de los primeros días. Pero la amargura del dolor no comienza hasta que el transcurso del tiempo demuestra la realidad de la pérdida. Pero ¿a quién no le ha robado esa desconsiderada mano algún ser querido? ¿Por qué, pues, habría de describir el dolor que todos han sentido y que deberían sentir? Con el tiempo llega el momento en el que el sufrimiento es más una costumbre que una necesidad y, aunque parezca un sacrilegio, ya no se reprime la sonrisa que asoma a los labios.

[...]

-Los antiguos maestros de la ciencia -dijo- prometían cosas imposibles, y no llevaban nada a cabo. Los científicos modernos prometen muy poco; saben que los metales no se pueden transmutar, y que el elixir de la vida es una ilusión. Pero estos filósofos, cuyas manos parecen hechas para hurgar en la suciedad, y cuyos ojos parecen servir sólo para escrutar con el microscopio o el crisol, han conseguido milagros. Conocen hasta las más recónditas intimidades de la naturaleza y demuestran cómo funciona en sus escondrijos. Saben del firmamento, de cómo circula la sangre y de la naturaleza del aire que respiramos. Poseen nuevos y casi ilimitados poderes, pueden dominar el trueno, imitar terremotos, e incluso parodiar el mundo invisible con su propia sombra.

[...]

El ser humano perfecto debe conservar siempre la calma y la paz de espíritu y no permitir jamás que la pasión o el deseo fugaz turben su tranquilidad. No creo que la búsqueda del saber sea una excepción. Si el estudio al que te consagras tiende a debilitar tu afecto y a destruir esos placeres sencillos en los cuales no debe intervenir aleación alguna, entonces ese estudio es inevitablemente negativo, es decir, impropio de la mente humana. Si se acatara siempre esta regla, si nadie permitiera que nada en absoluto empañara su felicidad doméstica, Grecia no se habría esclavizado, César habría protegido su país, América se habría descubierto más pausadamente y no se hubieran destruido los imperios de México y Perú.

Frankestein o El moderno Prometeo
Mary W. Shelley

4 cosicas:

Miss Grietas dijo...

esto sólo lo podría haber escrito una mujer!!
que grande Frankenstein (:
adoro esta obra ^_^
gracias por deleitarnos con semejantes fragmentazos (:

besetes!!!

marieta dijo...

No podría estar más de acuerdo... escribí con orgullo su nombre en esta entrada, y cuando leo, de vez en cuando me recuerdo su nombre y pienso: pufff, es que sólo una mujer puede decir estas cosas :)

Me vienen unas palabras dichas por un hombre que siempre me dice que las mujeres tenemos una sensibilidad especial para todo: "¿por qué las mujeres sois tan perfectas y tan exactas?"

Y si alguien no se lo cree, que lea Frankestein :)

Miss Grietas dijo...

(: totalmente de acuerdo :)

Miss Grietas dijo...

(: totalmente de acuerdo :)