Siguió avanzando en solitario, trepó sobre una losa cuya extrema textura y apariencia general eran sospechosamente parecidas a las del mármol negro, y llegó a la conclusión de que lo que más deseaba encontrar en esos momentos era un sacerdote. Los sacerdotes tenían que servir de algo, y aquel parecía ser la clase de momento y situación en que quizá necesitases tener a mano uno para que te consuele y te alivie o quizá, como insistía tozudamente una parte de su cerebro, para destrozarle la cabeza con una roca.
[...]
Ptaclusp extendió los brazos y los pasó sobre los hombros de sus hijos.
-Muchachos -dijo con orgullo-, esto empieza a tener un aspecto realmente cuántico.
Pirómides
Terry Pratchett
Terry Pratchett

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